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No tenía un problema de tiempo. Tenía un problema de memoria.

Antes de contarte nada sobre mi sistema de trabajo con Claude Code, tengo que contarte por qué lo necesitaba. Y no era moda ni circunstancia: era algo más silencioso, algo que arrastraba hace años sin ponerle nombre.

Llevo bastante tiempo haciendo webs y resolviendo problemas de clientes, y durante mucho de ese tiempo pensé que mi límite era el tiempo. Que el cuello de botella era yo y las horas que le podía dedicar. Me equivoqué siempre. El problema nunca fue el tiempo. Era la memoria.

Desde hace años soy solo emprendedor, es decir que trabajo solo. Esto significa que cada cliente vive al mismo tiempo en tres lugares diferentes. En el proyecto o sitio web que estoy trabajando, en alguna carpeta con archivos sueltos y en el peor lugar de todos, “en mi cabeza”. Las características y el detalle del branding de un proyecto, la promesa que le hice a otro cliente, la cosa puntual que no puedo mezclar entre los dos. Todo eso lo cargaba yo, a pulso, todos los días.

Entonces me di cuenta: lo que más energía me quitaba no era el trabajo. No era programar, ni subir archivos al servidor, ni definir el texto de cada cliente. Era volver a un cliente después de una semana, abrir su carpeta y preguntarme “¿en qué quedé acá?, ¿qué le prometí?, ¿qué me faltaba?”.

Eso me costaba más de media hora cada vez. Y me lo cobraba varias veces al día, cada vez que saltaba de un proyecto a otro.

Y además estaban las ideas. Tú sabrás que las buenas ideas nunca llegan cuando estás sentado en el escritorio. Te llegan mientras vas manejando, a las 11 de la noche viendo una serie, incluso en la ducha o lavando la losa, y si no anotaba en el momento exacto se iban. Perdí buenas ideas por no tener donde soltarlas rápido.

Probé de todo: aplicaciones para tomar notas como Evernote y Obsidian, apps para tareas como Todoist y Things, incluso métodos que seguí a rajatabla como el GTD de David Allen. Y con todo eso encima llegué a la misma conclusión: no me faltaban horas ni tiempo. Eran tres fugas concretas.

  1. El contexto se me caía. Cada caso, cada proyecto o cliente dependía de que yo me acordara de quién era. En un día de mucho ajetreo y cansancio podía mezclar textos o repetir cosas que ya había hecho. Y para no caer en eso, necesitaba varios minutos solo para volver a enfocarme.
  2. Las ideas se me escapaban. Con tantas herramientas sofisticadas —incluida una libreta con lápiz y papel— seguía sin tener un lugar de captura rápido. La mitad de las ideas se perdían.
  3. Retomar el flujo me costaba carísimo. El “¿dónde estaba?” o el “¿en qué iba acá?” se comía la energía que necesitaba para el trabajo de verdad.

Ninguna de estas fugas se arregla trabajando más horas. Se arreglan con un sistema. Un lugar donde el contexto esté escrito y no en mi cabeza. Un sistema de captura de ideas y observaciones sin fricción, rápido. Y un modo de retomar todo sin tener que releerlo.

Este es el problema que me llevó a construir mi sistema de trabajo.

Partí usando la IA haciéndole caso a mi curiosidad y a una búsqueda constante por hacer mejor las cosas. Y en este continuo aprendizaje me di cuenta de la gran capacidad que tiene la herramienta y cómo me puede ayudar a dejar de perder cosas. Claude Code llegó después, como respuesta al problema, no como moda.

Creo que mucha gente que trabaja sola o en una pequeña empresa e incluso en una gran corporación que tiene que cumplir metas con fechas, le pasa lo mismo y creen que les falta el tiempo. Casi siempre lo que les falta es un sistema que sostenga la memoria del negocio, para que su cabeza pueda dedicarse a pensar y a crear, y no a tener que acordarse aisladamente de una gran cantidad de partes de cada proyecto.

Lo primero que hice para armar todo esto no fue abrir el computador. Fue tomar un lápiz y un papel.


En la próxima etapa te cuento cómo.